‘De repente la oscuridad, y con ella el silencio precursor de milagros’ escribe Rafael Barrett a principios del siglo XX, cuando llega a Paraguay el cinematógrafo. Los asuncenos reciben con gran entusiasmo las primeras imágenes en movimiento. Las proyecciones tienen lugar en el Teatro Nacional (hoy Municipal). Hacia los años 20, pequeños segmentos de cine mudo irrumpen las tranquilas tardes de algunas confiterías de la ciudad. A cielo abierto, el Belvedere o La Bolsa (hoy el Bolsi) deleitan a sus clientes con historias en blanco y negro, muchas veces acompañadas de una pequeña orquesta que aporta la banda sonora a estas experiencias. Los cines céntricos y cines de barrio son llamados ‘edificios para soñar’ a partir de los años 40. Las decenas de salas que existen en todo el país se convierten en eje de encuentro y disfrute.
Ya hacia los años 60 aparecen también los primeros cineclubes. La cinefilia está en su apogeo. Atractivas programaciones de películas del neorrealismo italiano, de la nueva ola francesa o del nuevo cine latinoamericano ocupan páginas enteras de la prensa de la época. Aparte de enriquecer la oferta cultural, este boom de la exhibición cinematográfica está acompañado de intercambios, debate y reflexión. Desde los años 80, los centros comerciales (shoppings, malls) empiezan a albergar también salas de cine. La novedad genera una pérdida de público en las salas tradicionales. Van cerrando sus puertas los icónicos cines del centro: Splendid, Roma, Yguazú, Premier, Granados, Cosmos, y finalmente el cine Victoria. También cierran los cines de barrio como el Cañisá, Universal, Nueva Estrella, España, San Antonio, Lumiton, Pettirossi y varios más. Con la pérdida de la experiencia barrial y colectiva de compartir historias, desaparece también un fuerte rasgo de identidad cultural de la ciudad.
Las salas de los shoppings crecen con el boom tecnológico y descubren formas de acercar y entusiasmar a grandes audiencias con obras exquisitas de cine hollywoodense (en un 80% a 90%) y con algunos éxitos de otras latitudes. Sin embargo, el cine más reflexivo, que aborda temas centrales de la experiencia humana en su dimensión social, psicológica o filosófica, el cine que interpela sin buscar necesariamente todas las respuestas, va perdiendo espacios de difusión hasta que desaparece casi por completo de la cotidianidad de Asunción.
Cine de Barrio es la primera sala alternativa de Asunción, un espacio que surge como respuesta a los años de ausencia de cine de autor nacional e internacional en la pantalla grande.



